Fotografía artística – Héctor Dager
Aunque en la actualidad la fotografía es considerada un arte, no siempre fue estimada como tal. Si nos remontamos a sus inicios, vemos que fue concebida como un prodigio tecnológico que sería de gran ayuda a las ciencias. Tanto así, que Daguerre presentó su invento ante la Academia de Ciencias de París y no ante […]
Aunque en la actualidad la fotografía es considerada un arte, no siempre fue estimada como tal. Si nos remontamos a sus inicios, vemos que fue concebida como un prodigio tecnológico que sería de gran ayuda a las ciencias. Tanto así, que Daguerre presentó su invento ante la Academia de Ciencias de París y no ante la Academia de Bellas Artes. ¿Cómo, entonces, adquirió carta de naturaleza artística? ¿Qué se entiende por fotografía artística? Más que una definición, proponemos aquí un acercamiento. Cuando apareció la fotografía, hacia 1830, tuvo un impacto inmediato sobre la pintura y las artes visuales. Hubo muchas críticas que apuntaron a negar el valor artístico de la fotografía y, por otra parte, a cuestionar el valor atribuido hasta entonces a la pintura. A mediados del siglo XIX aparecieron grupos de fotógrafos que se interesaron en la fotografía sin importarles sus posibilidades científicas, y a la vez que reivindicaron el carácter artístico del nuevo lenguaje, concibiéndolo como una forma de expresión personal. Para ellos dejaba de ser una práctica casual e informal. La fotografía tomó de la pintura tradicional numerosos elementos y, a su vez, esta última resultó beneficiada de los aportes del nuevo invento. Así, surgió una nueva corriente artística: el pictorialismo, movimiento fotográfico que dominó el siglo XIX, cuya propuesta estética se asemejaba al impresionismo o la pintura simbolista. En el siglo XX se despejaron las dudas acerca del valor artístico de la fotografía y su lenguaje se hizo más autónomo. Aquellos que la cuestionaban empezaron a apreciar y disfrutar la «fotografía que parece fotografía» (Newhall, 2006: 167). En esa época irrumpió el modernismo, y con él los cuestionamientos sobre el arte mismo. La fotografía calzaba a la perfección con los nuevos desafíos del arte modernista y se alzó como el medio de expresión y experimentación por excelencia para las nuevas formas de arte: constructivismo, futurismo, vorticismo, dadaísmo, surrealismo y funcionalismo. Si en su primer siglo de vida la fotografía estuvo dominada por criterios funcionales, domésticos y de anonimato, con las vanguardias artísticas de inicios de siglo cobró fuerza y relevancia la autoría y el papel del desarrollo tanto estético como técnico. De esta forma, adquirió una connotación intelectual y estética trascendente. Las guerras mundiales y la guerra civil española reforzaron el carácter documental y el potencial artístico de la fotografía: los fotógrafos salieron a las calles a retratar el drama de la vida cotidiana. A partir de entonces, se mezcla «lo documental con lo lírico, lo íntimo con lo público y lo trivial con lo trascendente»
Con el surgimiento del arte conceptual durante la década de 1960, que por primera vez privilegió la idea o concepto sobre el carácter estético de la obra, los límites de la fotografía artística se ampliaron, surgiendo una distinción crucial. Una cuestión es lo que se conoce como «fotografía artística» –cuyos géneros provienen de la tradición de las bellas artes–, y otra son las obras producidas por artistas que usan la fotografía, pero que no son fotógrafos profesionales. Dentro de ese ámbito cabe, por ejemplo, la fotografía como registro de performances o acciones de arte que, en ocasiones, con el tiempo, suele adquirir ella misma el estatuto de obra o de fetiche comercial.   Si algo caracteriza el estado actual de la fotografía artística contemporánea es que la obra exige del observador un papel activo. Como menciona Colorado, «ya no se trata exclusivamente de un discurso, sino de una conversación, un coloquio que, como en la vida, a veces uno quiere decir una cosa y su interlocutor entiende otra. El fotógrafo se arriesga a crear para que su trabajo acabe convirtiéndose en algo inesperado en los ojos del observador».
 

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