Defensoras de la biodiversidad
La Reserva de la Biósfera de la Mariposa Monarca en el estado mexicano de Michoacán es conocida en todo el mundo por un fenómeno migratorio extraordinario. Cada otoño, millones de mariposas llegan desde los Estados Unidos y Canadá. Mientras pasan el invierno en la reserva, ofrecen una vista extraordinaria: los insectos de color naranja brillante […]

La Reserva de la Biósfera de la Mariposa Monarca en el estado mexicano de Michoacán es conocida en todo el mundo por un fenómeno migratorio extraordinario. Cada otoño, millones de mariposas llegan desde los Estados Unidos y Canadá.

Mientras pasan el invierno en la reserva, ofrecen una vista extraordinaria: los insectos de color naranja brillante se agrupan para calentarse en los pinos y los oyameles, y las ramas se hunden bajo su peso.

En la primavera, las mariposas se dirigen hacia el norte nuevamente, a veces terminan tan lejos como al este de Canadá, un viaje que puede tomar hasta cuatro generaciones en completarse.

México ha reconocido durante mucho tiempo la importancia vital del bosque, que se encuentra a unos 100 kilómetros al noroeste de la Ciudad de México. Fue declarado Reserva de la Biosfera en 1980, y la UNESCO la reconoció como Patrimonio de la Humanidad en 2008.

Aun así, el área sigue siendo vulnerable a la tala ilegal, el turismo no regulado y los efectos cada vez más dañinos del cambio climático. Y como en muchos países, las y los mexicanos se dan cuenta de que el cambio climático ya no es solo una cuestión ambiental, sino también un problema social, político y económico que demanda que toda la población se involucre.

Un país de “megadiversidad”

Se estima que en México están representadas el 12% de las especies del mundo. Sin embargo, debido a la degradación de los ecosistemas, alrededor de 2.500 están en peligro de extinción o en riesgo en cierto nivel.

Se espera que en los próximos años la biodiversidad de México se vea aún más afectada debido a las altas temperaturas, huracanes más severos y cambios en el nivel del mar.

Las Áreas Naturales Protegidas (ANP) son espacios naturales estratégicos para la conservación de la biodiversidad, aseguran su uso sostenible y garantizan la protección de los ecosistemas más frágiles. Conservar las ANP de México es una de las mejores estrategias que podemos poner en práctica para mitigar el cambio climático en la región, y ya se han implementado algunas iniciativas para lograrlo.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en México, junto a la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas y financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, ha impulsado iniciativas de adaptación al cambio climático y protección de la biodiversidad en 17 ANP de México, abarcando 7,8 millones de hectáreas. Su impacto ya comienza a sentirse.

Producir de forma sostenible para un futuro mejor

En la Reserva de la Biósfera de la Mariposa Monarca, la cooperativa Yeje Z´ana, que consta de 10 mujeres, produce productos naturales y medicinas tradicionales sostenibles, miel y alimentos para los indígenas mazahua.

Al poseer conocimientos tradicionales en el mantenimiento y la conservación del medio ambiente, las mujeres de la cooperativa trabajan en armonía con la naturaleza para satisfacer las necesidades de su comunidad.

Gracias al apoyo que han recibido posicionando los productos y desarrollando un sello que los identifique como sustentables y provenientes de la RB, estas mujeres han encontrado otra fuente de recursos económicos para ellas y sus familias, mientras que contribuyen al cuidado de los bosques.

En su local, María fabrica extractos de hierbas, pomadas relajantes y jarabes.

“Estamos muy contentas de trabajar todo el grupo de mujeres. Sabemos que contribuimos a la conservación del medio ambiente, que contribuimos también a la recuperación de lo que antes fue la medicina tradicional, y por supuesto, agradecer a la Madre Tierra por todo lo que nos da”, explica María de la Luz, una de las integrantes de la cooperativa Yeje Z´ana.

Yeje Z’ana ha demostrado ser un espacio vital para todos sus miembros, permitiéndoles conservar los saberes tradicionales y proteger la biodiversidad amenazada por el cambio climático.

Mejorar la gestión de las ANP ha permitido proteger los ecosistemas más frágiles y utilizar los recursos naturales de forma estratégica para mejorar la vida de las comunidades locales. Sin embargo, el reto para mitigar los efectos del cambio climático continúa y proteger las ANP es ahora más relevante que nunca.

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