La otra Mewis mantiene vivo su sueño
Kristie y Sam Mewis brillaron juntas como internacionales juveniles Sam es campeona del mundo, pero Kristie no ha plasmado su potencial Podrían reunirse en la selección tras cinco años de ausencia de Kristie En 2008, las hermanas Kristie y Sam Mewis alcanzaron juntas una final mundialista. De haberse dicho en aquella Copa Mundial Femenina Sub-17 de […]
  • Kristie y Sam Mewis brillaron juntas como internacionales juveniles
  • Sam es campeona del mundo, pero Kristie no ha plasmado su potencial
  • Podrían reunirse en la selección tras cinco años de ausencia de Kristie
En 2008, las hermanas Kristie y Sam Mewis alcanzaron juntas una final mundialista. De haberse dicho en aquella Copa Mundial Femenina Sub-17 de la FIFA que solo una de ellas acabaría teniendo el honor de disputar un choque por el título mundial de la categoría absoluta, parecería fácil pronosticar quién sería. Y lo cierto es que la centrocampista Kristie era la joya de la corona de aquel joven combinado estadounidense. Se llevó el Balón de Bronce de Nueva Zelanda —fue la única estadounidense presente en el podio del premio a la mejor jugadora del torneo— y terminó el año siendo elegida mejor deportista joven del año de la Federación Estadounidense: así pues, parecía llamada al estrellato. Sin embargo, cuando Estados Unidos alzó el título mundial en Francia en julio del año pasado, la estrella fue Sam, y Kristie la espectadora. La explicación de este cambio en la situación de ambas está en la historia transcurrida durante los once años que separaron las finales mundialistas de 2008 y 2019.
Kristie Mewis reacts after suffering a knee injury.
© imago images
Para Kristie, la mayor, fueron años de frustración, estancamiento, una sucesión de fichajes y, en 2018, una lesión del ligamento cruzado anterior. Por suerte, es de las que prefieren la autocrítica a la autocompasión, y ha aprovechado ese revés para recomponer su carrera, que ahora ha adoptado una trayectoria ascendente. “Creo que cuando pasa algo así puede servir para ver dónde están las debilidades de una, y quizás hasta para saber por qué se produjo la lesión”, explica a FIFA.com. “En mi caso, no cabe duda de que me indicó lo que estaba haciendo mal y qué debilidad tenía”. “Esa lesión, y el tiempo que estuve de baja, fue uno de los peores periodos por los que he pasado. Me encontré muy abatida, aunque al final también resultó gratificante, porque me enseñó muchísimo, sobre mi físico y sobre cómo hay que disfrutar cada momento que se pasa en la cancha, y eso ahora me está haciendo más fuerte”. Y quedó a la vista con su desempeño en las filas del Houston Dash la temporada pasada, que tendría su recompensa en diciembre, cuando volvió a recibir la llamada de la selección nacional femenina de su país, que tanto tiempo llevaba aguardando. La última de las 15 internacionalidades de su carrera se remontaba a 2014, por lo que disfrutó al máximo de aquel momento.
US Womens National midfielder Kristie Mewis #8 celebrates with teammates following her goal in the first half against Korea Republic during the game at Gillette Stadium on June 15, 2013 in Foxboro, Massachusetts.
© Getty Images
“La concentración fue impresionante”, señala Kristie, de 29 años. “Fue fantástico estar ahí, de nuevo con el escudo de Estados Unidos. También me gustó mucho todo lo que me dijo Vlatko [Andonovski, seleccionador absoluto] sobre lo que espera de mí en la selección. Ya me entrenó hace unos años [con el FC Kansas City] y siempre te dice lo que piensa, sea bueno o malo. Así que fue positivo llevarme un par de cosas con las que trabajar”, analiza. “Sé perfectamente que va a ser muy difícil, porque en estos momentos no hay ningún plantel del mundo al que sea más complicado incorporarse. Todas las compañeras que están en él son increíbles, cada jugadora es de las mejores del mundo”. Y Mewis, a todas luces, se enorgullece de que su hermana pequeña sea una de ellas. Al preguntársele si, además de la alegría, le causó aunque fuese una pizca de amargura ver a Sam conquistar la gloria mundial —haciendo realidad en solitario el sueño que ambas compartían—, lo niega de forma rotunda. “No, ninguna amargura, en absoluto, de verdad”, insiste. “Fue asombroso ver a Sam disputar el Mundial, no solo jugarlo, sino ganarlo, haciendo un torneo completamente increíble. Demostró a todos que es una grandísima futbolista, de las mejores del mundo, y yo la admiro muchísimo”.
“Sam tampoco lo ha tenido muy fácil con la selección, ha atravesado algunos altibajos. Pero es increíble, a mí me deja boquiabierta ver cómo responde ante la presión. No tengo palabras para describir lo orgullosa que me sentí. Nadie en el mundo lo merece más que ella”, confiesa. “Me hubiera encantado jugar con ella, cómo no. Pero no me sentí mal, porque sabía que yo no merecía estar ahí. A lo mejor sería distinto si hubiera tenido la impresión de que debía haber estado en el plantel. Pero acababa de recuperarme de una lesión y no me encontraba al nivel de las integrantes de ese equipo”. Y la sinceridad de Kristie emana de saber lo que hace falta para estar en la élite mundial. Tras haber sido una de las mejores jugadoras de su categoría de edad hace un decenio, se siente motivada para demostrar que puede recuperar el nivel de antaño. “Me anima, porque, por haber estado a ese nivel, sé que es lo que quiero conseguir”, explica. “No renuncio para nada a mi sueño. Todavía me considero capaz de jugar en la selección y sé por experiencia propia lo que hace falta para llegar ahí”. “Todavía no he rendido a mi máximo potencial, pero tengo la sensación de que en los dos últimos años he dado pasos importantes para conseguirlo. El próximo reto es la selección nacional. Pero si logro alcanzar la metas que me he marcado con el club, y las mías personales, tendré la mejor oportunidad posible de conseguirlo”.

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