Los Nobel de Medicina abrieron la puerta para investigar la hepatitis C
Así lo señala el farmacólogo José Julián López, director del Centro de Información de Medicamentos (Cimun) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), y agrega que el caso de la hepatitis C es especial, pues “este virus se trata con medicinas conocidas como antivirales de acción directa, y, como en muy pocos casos en la […]

Así lo señala el farmacólogo José Julián López, director del Centro de Información de Medicamentos (Cimun) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), y agrega que el caso de la hepatitis C es especial, pues “este virus se trata con medicinas conocidas como antivirales de acción directa, y, como en muy pocos casos en la farmacología, los compuestos que se desarrollaron han sido capaces de eliminar el 95 % del patógeno, es decir que sí curan a las personas”.

El Comité del Premio Nobel galardonó a Harvey Alter, Michael Houghton y Charles Rice por “su contribución decisiva a la lucha contra la hepatitis de transmisión sanguínea”. El premio se otorgó por el hallazgo del virus de la hepatitis C en los años ochenta.

Para el profesor López, los nuevos medicamentos no solo disminuyen complicaciones para el paciente y reducen el alto costo en su tratamiento, sino que también evitan la transmisión, ya que al tratar a una persona con el virus “se corta la cadena”, de modo que si todos los infectados recibieran los medicamentos la enfermedad podría desaparecer del planeta.

Alto costo de medicamentos, una barrera

La profesora Claudia Marcela Vargas, del Departamento de Farmacia de la UNAL y directora de la Fundación Ifarma, una ONG que trabaja en políticas farmacéuticas y acceso a medicamentos, indica que una limitación para lograr la erradicación es el costo de las medicinas.

Al respecto, recuerda que desde 2017 el precio de estos fármacos en Colombia se ha reducido de 100 millones de pesos a unos 15 millones de pesos por paciente.

Agrega que aunque hoy existe un tratamiento genérico que reduciría el costo a solo 150 dólares (unos 570.000 pesos) el país no puede acceder a este, pues para hacerlo se necesita una declaratoria del medicamento como “de interés público”.

Esta acción fue interpuesta por Ifarma en 2015 y tenía un plazo de resolución por el Ministerio de Salud de seis meses; sin embargo, ya se cumplen cinco años de espera.

Falta decisión política

Aunque en Colombia no hay un estudio epidemiológico que diga con exactitud cuántas personas están contagiadas, en 2017 el Ministerio de Salud y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) estimaron que en el país hay unos 325.000 casos, de los cuales solo 1.900 han recibido tratamiento en los últimos tres años.

La doctora Vargas agrega que “si se da la declaratoria, el Gobierno nacional podría comprar 1.000 tratamientos genéricos, que es el número de medicamentos contra hepatitis C que hoy adquiere cada año, y se ahorrarían unos 15.000 millones de pesos, dinero que serviría para hacer pruebas masivas del virus, o como recursos para enfrentar la COVID-19”.

La OMS estima que en el mundo hay unos 70 millones de casos de hepatitis C, y unas 400.000 muertes cada año.

La entidad explica que estas son subestimaciones, ya que un porcentaje importante de las personas con el virus no son diagnosticadas, bien sea porque el organismo elimina el virus en pocas semanas sin necesidad de atención médica, o porque este permanece en el cuerpo durante años, incluso décadas, antes de generar síntomas o complicaciones diagnosticables, como cáncer de hígado o cirrosis.

Tres tipos de hepatitis viral

La hepatitis es esencialmente una inflamación en el hígado, órgano vital para ciertos procesos en el cuerpo, de ahí que su mal funcionamiento puede ser un riesgo para la vida de las personas.

Existen tres tipos: la hepatitis A, transmitida por agua o alimentos contaminados, que causa pocos efectos en las personas y se genera inmunidad para toda la vida; las hepatitis B y C causan una infección crónica y son típicamente transmitidas por contacto con la sangre u otros fluidos de personas contagiadas, como por ejemplo en relaciones sexuales sin preservativo, mediante agujas en consumidores de drogas inyectadas, malos procedimientos al hacerse perforaciones o tatuajes, o en transfusiones de sangre previas a 1996, ya que en ese momento no se contaba con una prueba diagnóstica.

Para que el virus “sobreviva” en el cuerpo necesita de ciertas enzimas, unas que le permiten multiplicarse al convertir el ARN –su material genético– en ADN, otras le permiten fabricar la envoltura con la que se protege, etc.

El doctor López explica que los antivirales de acción directa bloquean esas enzimas, lo que le impide al virus replicarse o esconderse, y de esta forma es más fácil de neutralizar por el sistema inmune.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *